De repente empiezo a sentir el tremendo frío, en todo, no he sentido antes la intensa necesidad de llorar, nunca, y aún así no puedo derramar mis lágrimas. Estoy rodeado de piedras, frías, duras, oscuras, inertes, pocos son amigables saltamontes, perdidos...
Muy temprano a la luz del amanecer la mañana me dijo un secreto, ya no saldría más a esa hora, ni más tarde, ni nunca jamás, me lo dijo llorando... "Disfruta de éste amanecer, pues nunca más verás la radiante luz de mis rayos".
No me importo.
Y en el ocaso último, solo sentí el deseo de ahorcarme desde el más alto edificio de todo el mundo, morir frente a los ojos del pasado, del presente, del tormento, del miedo, del odio, la impotencial, la calumnia, y empezar a vivir una vida donde por siempre éste escuchando el canto mágico de las aves mañaneras de la eternidad.
Desde entonces me despierto acostado en la barbaridad de el día más oscuro de todo tiempo, y pienso "la insipiencia maldita de mi amor".
Ya los viejos no hablan más, ahora mi guía tartamudea cada respuesta y todo llora la angustia de la victima.
¿Quienes pueden decir que si, y quienes pueden decir que no? ni siquiera podemos pensar en nuestra verdad...

